
Mira, te voy a contar una cosa que quizá te interese.
No hace falta contarlo todo.
Yo era de contarlo todo, sin filtros.
Creyendo que me serviría de algo.
No me servía.
Quien enseña las cartas al principio, pierde.
Y no hablo solo de perder cosas materiales.
Se pierde ventaja. Se pierde terreno. A veces, se pierde la tranquilidad.
Porque no vivimos en un mundo en el que todos quieren tu bien.
Cuando hablas sin filtro, muestras, sin querer, tus debilidades.
Y lo que enseñas, alguien lo apunta.
No hay que contarlo todo.
No hay que decirlo todo.
Y sobre todo, no hay que contestarlo todo.
Hay preguntas que no buscan una respuesta.
Buscan una reacción.
Callar a tiempo también es contestar.
A las personas se les conoce más por lo que hacen que por lo que dicen.
«Por sus frutos los conoceréis».
Empieza a observar las acciones más que las palabras.
Y ahí te saltarán incoherencias, mentiras e incluso intenciones.
Quien dice una cosa y hace otra no te engaña del todo.
Te está diciendo la verdad con los hechos.
Solo hay que mirar.
Acciones, solo acciones.
A los artistas, escritores, músicos, a menudo se les conoce por sus obras.
Nadie recuerda lo que decía un escultor mientras trabajaba.
Recuerda la escultura.
Y son sus obras las que les hacen inmortales.
Así que, ya sabes, presta atención a lo que hacen.
Y, de paso, a lo que haces tú.
Lo que haces se queda, lo que dices, se lo lleva el viento.
Por eso duele tanto quien promete y no cumple: hablo de ello en tener palabra y mantenerla.
¿Tú eres de los que lo cuentan todo, o has aprendido a guardarte algo?

Consultor de marketing digital con 15 años de experiencia. Empresario del sector tecnológico y autor. Trabaja el posicionamiento, la captación y la conversión de empresas y despachos profesionales, con el foco puesto en los clientes que entran por la puerta y no en las posiciones sueltas.
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